La Inmaculada Concepción, patrona de España

La Inmaculada de MurilloLa Inmaculada de Murillo

… y el Milagro de Empel (Flandes, 1585)

En «Festividad de la Medalla Milagrosa», aparte de indicar la relación de aquella festividad con el dogma de la Inmaculada Concepción de María, ya se apuntó la importancia para España de esta cuestión, que, aparte de ser celebrada desde mucho antes, fue un asunto de honor en este país y causante de no pocos tumultos y grescas entre maculistas (pocos) e inmaculistas, que hizo que llegara a ser un problema de orden público y que forzara a los reyes de España a presionar a Roma para que se definiera, lo que no sucedió definitivamente hasta la proclamación del dogma el 8 de diciembre de 1854 en la bula Ineffabilis Deus de Pío IX.

Paradójicamente la promulgación del dogma, ansiada durante siglos, fue silenciada por el gobierno del Bienio Progresista (1854-1856) liderado por Espartero, prototipo de liberal masonazo decimonónico. Roma, en cualquier caso, reconoció el papel tan principal de España en la causa de la Inmaculada Concepción, otorgándole el privilegio del empleo de casulla azul (el color de Nuestra Señora) en la celebración de la festividad, y erigiendo la estatua de la Inmaculada en la Plaza de España de Roma, frente al Palazzo di Spagna, la embajada de España desde 1647.

Lo que desconocía era la causa del patronazgo de la Virgen en esta advocación del arma de Infantería —serví en Artillería, cuya patrona es Santa Bárbara, y mis antepasados o sirvieron en este arma o eran de Aviación, Caballería o de la Guardia Civil—, que es el conocido como milagro de Empel, acaecido en la guerra de Flandes el día 8 de diciembre de 1585, día de la Inmaculada Concepción, tal como explica el blogger Embajador en el Infierno y por quien me he enterado. A causa de este milagro, los tercios españoles cambiaron o adoptaron su patronazgo.

Buscando más en Internet sobre el milagro, aparte de toparme con los anales de Alonso Vázquez, cuya narración de los hechos me he propuesto copiar (nota: ya lo he hecho), me tropecé con una exposición muy completa de las circunstancias en Foro Militar General, un foro de debate de temas militares, y me he permitido la libertad de copiarlo íntegro y «encolado» (estaba partido en varios mensajes) para evitar que se pueda perder, por su valor. Observando la cartografía actual de la zona se ve que ha cambiado mucho desde la época de Felipe II, aunque cubre las poblaciones de Empel (algunos cronistas la consignan como «Empleu») y Bolduque (supongo que por alteración de Bois-le-Duc, la actual, en holandés, ‘s-Hertogenbosch). Todo lo que sigue es la transcripción.


El milagro de Empel

La guerra de Flandes estaba en su apogeo. Bajo el mando del «rayo de la guerra» Alejandro Farnesio, los Tercios recuperaban lo perdido. En este año, intentaba ayudar a las ciudades católicas de la isla de Gelanda y Holanda, que habían pedido ayuda al gobernador. Ante la petición de refuerzos (de soldados españoles) llegó un Tercio creado cinco años antes, mandado por D. Francisco de Arias de Bobadilla, soldado con más de 20 años de servicio.

D. Francisco de Arias de Bobadilla, conde de Puñonrostro.D. Francisco de Arias de Bobadilla, conde de Puñonrostro.

El ejército, al mando del conde de Mansfelt, ordenó a Bobadilla la ocupación de la isla de Bommel, con unas dimensiones de 25 kilómetros de este a oeste y 9 de anchura máxima de norte a sur, rada entre los rios Mosa y Vaal.

Así, el Tercio de Bobadilla, el de Mondragón y el Íñiguez, junto con una compañía de arcabuceros a caballo españoles y 6 piezas, ocupó la zona, donde había 3 plazas fuertes enemigas. Eran unos 4.000 hombres, «flor del ejército español». Era prácticamente toda la infantería española que había en Flandes en esa época.

Los rebeldes vieron la oportunidad, ya que la isla estaba protegida por diques y era fácilmente inundable. Así, creció el ánimo entre los holandeses, deseosos de derrotar a los invencibles Tercios. El conde de Holac, jefe rebelde, organizó cien barcos de quilla plana y, con abundante infantería, logró desde los barcos romper casi todos los diques, excepto unos cuantos, vigilados por los hombres de Bobadilla. Los españoles apenas tuvieron tiempo de salir de sus posiciones ante la inundación y se refugiaron en las zonas altas del terreno.

La situación era comprometida para los españoles. Rodeados por el agua y atacados desde los barcos, con fuego de artillería, mosquetes y arcabuces, los españoles se defienden, y rechazan con sus piezas los hostigamientos rebeldes.

La vanguardia de Bobadilla, al mando del capitán Pazos, no puede forzar el paso, debido a la presencia de los barcos enemigos, por lo que se atrincheran en un castillejo, junto a la iglesia de Empel, que se encontraba guarnecida por una escuadra de italianos.

Bobadilla, ordenó fortificar este sitio al elegirlo como punto de paso, sobre el río Mosa. Alrededor se colocaron los tercios, con orden de atrincherarse para pasar la noche del 3 de Diciembre.

Envió mensajeros, al pueblo de Bolduque, para que sacaran las piezas que había en la ciudad, para hacer fuego sobre los barcos. También mandó mensajeros a Farnesio en Bruselas, y a Mansfelt, que se encontraba a seis leguas.

Mapa militar de las islas de Tiel y BommelMapa militar de las islas de Tiel y Bommel

El cuatro de diciembre Mansfelt llega a Bolduque tras recibir el mensaje pidiendo ayuda, y manda un aviso a Bobadilla, diciéndole que, en un par de días, tendrá los barcos necesarios para atacar, que mientras «procurase entretenerse lo mejor que pudiese». Bobadilla respondió que aunque andaban escasos de municiones, leña y pan, no debía apresurarse hasta estar seguro de triunfar.

En el momento del ataque de las fuerzas de relevo, Bobadilla colaboraría con nueve barcazas, llenas de infantes españoles, para atenazar a los holandeses.

El mensajero volvió esa misma noche, con la respuesta que la armada rebelde era grande y que la empresa sería difícil.

El 5 de diciembre se prepararon las fuerzas que debían apoyar a Mansfelt; en cada una iría: 2 capitanes, 10 piqueros, 10 mosqueteros y 10 arcabuceros. Los designados «confesaron y comulgaron como siempre que han de pelear lo que acostumbra la nación española», y quedaron a la espera de la ayuda.

Pero Bobadilla, lejos de esperar, buscaba una posible salida, y creyó que, cerca del castillejo guarnecido por los italianos, se podría vadear, ya que los barcos holandeses no se aventuraban por allí, por riesgo a encallar. Se envió un nuevo mensajero para informar de todo a Mansfelt, pero fue capturado, lo que aumentó el ánimo de los holandeses, que ya veían derrotados a los Tercios.

Cerca de esta zona, en una isleta próxima, se emplazó una compañía para cubrir con su fuego y el de dos piezas la zona, mientras otro capitán, con 3 piezas traídas de Bolduque, cubrían desde la otra orilla.

Pero a pesar del esfuerzo español, los holandeses habían ocupado otra isla en las proximidades, emplazando un fuerte y numerosas fuerzas, justo en el punto en el que se había acordado que Mansfelt lanzaría el ataque con 52 barcos que había logrado reunir.

El amanecer del 6 de Diciembre, Mansfelt descubrió los fuertes erigidos por los enemigos. Comenzó un intenso fuego con todo lo que pudo apoyar, pero no pudo evitar que terminaran de construirlos ni de ocuparlos.

Esto, unido a un asalto de los rebeldes contra los barcos reunidos, que logaron incendiar la mayoría, causó un gran desánimo entre los españoles, ya que «… veíanse en muy gran turbación y trabajo, y el menor que pasaban era el frío, hambre y desnudez, que tanto les apretaba por estar al rigor del tiempo sin ningún reparo donde poder cubrirse ni valer de noche y día, y sobre unos diques yermos y solos, donde iban perdiendo ya las esperanzas de ser socorridos».

Bobadilla solo tenía ya una esperanza y era cruzar en los barcos que tenía bajo el fuego enemigo de los fortines y de los barcos, asaltar las posiciones, volver a embarcar y seguir cruzando y asaltando los canales hasta que estuvieran libres. Era un suicidio.

Sábado 7 de diciembre de 1.585. Se habían terminado los víveres, soplaba un fuerte y frío viento, y apenas había refugios.

Bobadilla manda un nuevo mensaje a Mansfelt, diciéndole que que ha elegido un nuevo punto para asaltar, «ya que no veía otro remedio, y aún éste incierto y casi imposible».

Los habitantes de Bolduque, en cuento supieron que los españoles se disponían a atacar, se volcaron con ellos: intentaron cavar en las zonas anegadas para facilitar el paso, hubo procesiones pidiendo por los españoles, se sacó al santísimo Sacramento a la orilla opuesta, con luces, para que los sitiados pudieran verlo y les sirviera de consuelo.

Como dijo un español: «Parece cosa extraordinaria que en tierra de tantos herejes y donde tan mal quieren a los españoles hubiese flamencos tan piadosos que se azotasen por ellos y tan de veras procurasen el remedio, los cuales no cesaban en sus plegarias y procesiones».

La situación incluso había empeorado, pues Mansfelt, tratando de aliviar el agua de la inundación, ordenó romper varios diques, para desaguar la zona, pero lo que logró fue la operación contraria, tuviendo los españoles que abandonar las posiciones y refugiándose en las zonas altas del terreno.

Viendo Bobadilla la situación, exhortó a sus capitanes «a rezar para que Dios los librase del espantoso peligro en que estaban».

El hallazgo

Como comenta un cronista de la época:

«En esto, estando un devoto soldado español haciendo un hoyo en el dique para guardarse debajo de la tierra del mucho aire que hacía junto a su tienda y cerca de la iglesia de Empel, a las primeras azadonadas que comenzó a dar para cavar la tierra saltó una imagen de la limpísima y pura Concepción de Nuestra Señora, pintada en una tabla, tan vivos y limpios los colores como si se hubiera acabado de hacer. Como si se hubiera descubierto un tesoro acuden de las tiendas cercanas. Vuela allá el mismo Maestre de Campo Bobadilla… Llévanla pues como en procesión al templo entre las banderas, la adoran pecho por tierra todos: y ruegan a la Madre de los ejércitos que pues es la que solo podía hacerlo, quiera librar a sus soldados de aquella asechanza de elementos y enemigos: que tenían por prenda de su libertad cercana su imagen entregada piadosamente cuando menos imaginaban y más necesidad tenían, que prosiguiese y llevase a cabo su beneficio».

Los soldados se animaron sobremanera, y Bobadilla se dirigió a sus hombres de nuevo, diciéndoles que al día siguiente atacarían, y morirían o vencerían. Algunos de sus capitanes dijeron que era mejor suicidarse que antes que darle a los holandeses la satisfacción de la victoria, pero Bobadilla arengó a sus hombres:

«¡Soldados! El hambre y el frío nos llevan a la derrota; el milagroso hallazgo viene a salvarnos. Nosotros velaremos por España. ¿Queréis que se quemen las banderas, se inutilice la artillería y abordemos de noche las galeras, prometiendo a la Virgen ganarlas o perder todos, todos, sin quedar uno, la vida?…».

La respuesta fue unánime: se haría.

Cuando terminaba la reunión llegó un emisario de los holandeses, pidiendo la rendición. Tan seguros estaban, que Holac ya se encontraba buscando sitio para alojar tanto prisionero.

La respuesta de Bobadilla fue clara: «Los españoles prefieren la muerte a la deshonra».

Los Tercios se prepararon para luchar al día siguiente.

El Milagro

Noche del 7 al 8 de Diciembre de 1.585. Día de la Inmaculada Concepción.

Desde que comenzó la procesión realizada por los vecinos de Bolduque, el tiempo había comenzado a cambiar. La temperatura cambió bruscamente, y comenzó a soplar viento del nordeste, y comenzó a helar, «algo que no había pasado en mucho tiempo y tampoco pasaría en los años siguientes». Las aguas comenzaron a helarse, lo que normalmente no ocurre en la zona hasta mediados de Enero.

Los habitantes de Bolduque amanecieron rezando y agasajando a los españoles que se encontraban en su pueblo intentado apoyar a los sitiados. Cada vez, el hielo iba engrosando más su espesor, cogiendo una profundidad de dos picas de largo1, algo realmente extraordinario. Bobadilla comentó que esa noche hizo «el frío mas extraordinario que jamás se vio».

En medio de la noche, unos cuantos españoles montaron en sus barcas y se lanzaron en silencio al asalto de una de las isletas ocupadas, pero la explosión de un recipiente de pólvora, alertó a los holandeses que huyeron a refugiarse en sus barcos. Ante el riesgo, del ataque enemigo y de quedar sus barcos inmovilizados y atrapados por el hielo, Holac ordenó retirarse de la zona entre Empel y Bolduque, y volver al cauce del Mosa. Dándose cuenta de la retirada enemiga, se abrió un vivo fuego contra los barcos causándoles más de 300 bajas.

«Cuando los rebeldes iban pasando con sus navios por el río abajo les decían a los españoles en lengua castellana que “no era posible sino que Dios era español pues había usado con ellos tan gran milagro” y que “nadie en el mundo sino él [sic] por su divina misericordia fuera bastante a librarles del peligro y de sus manos”».

9 de Diciembre.

Ocupaban los holandeses todavía alguna isleta, que cerraba el cerco, por lo que los españoles decidieron atacar. Para ello tenían que avanzar rompiendo el hielo lo que motivó que algún soldado pidiera volver, a lo que contestó su capitán: «lo que se les ordenó y a lo que habían salido era a ganar los fuertes, y que por ningún caso podían dejar la empresa, aunque pereciesen todos en el camino. Valerosa respuesta y honrada determinación, pues deben los que se precian de obedientes capitanes observar las órdenes sin mirar los inconvenientes, y rompiendo los que se ofrecen, aventurarse a cumplir lo que se les encomienda por muy dificultoso que sea».

Los holandeses, al descubrir la llegada de los soldados de los Tercios, abandonaron sus posiciones y huyeron, dejando así la salida libre.

Justo en ese momento, se cubrió el cielo, comenzó a llover y a deshelarse las aguas.

Los españoles embarcaron y poco a poco llegaron a Bolduque, donde fueron recibidos por sus compañeros y los habitantes. Muchos murieron por las heridas sufridas y otros sufrieron amputaciones, debido al frío.

Así se salvaron los Tercios.

Los católicos holandeses calificaron el hecho como «Het Wonder van Empel», el milagro de Empel.

Los españoles tampoco lo olvidaron, ya que poco después se formó una cofradía, llamada: Soldados de la Virgen Concebida sin mancha.

Hasta entonces cada unidad tenía por costumbre elegir su patrón o patrona, siendo en muchas ocasiones la elegida nuestra Señora del Rosario. La mayoría cambió su advocación, eligiendo como santa patrona a la Inmaculada Concepción.

Como dijo Anglada:

Fue un soldado del Tercio; cuando era
oficio de españoles ver la muerte
como un servicio más de honra y de suerte
amiga del más bravo y compañera.

Cavaba para tumba la trinchera
más que para salvarse. Tierra inerte
hecha para descanso del más fuerte.
Siempre juntas la muerte y la bandera.

Encontró el cuadro; lo sacó del suelo:
Se arrodillaron todos bajo el cielo
de la noche de Holanda oscura y fría.

Y no hubo novedad. De madrugada
se heló el mar y sobre el agua helada
desfiló una vez más la infantería.

Según el servicio histórico holandés lo que ocurrió fue «una desafortunada concurrencia de circunstancias insólitas».

La Inmaculada Concepción fue nombrada patrona de toda la Infantería española en 1.892.


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