La conjura contra el altar

La guillotina, instrumento filosófico por excelencia.La guillotina, instrumento filosófico por excelencia.

Barruel, A., "Memorias para servir a la historia del Jacobinismo / su autor Barruel; traducidas al castellano, y aumentadas con algunas notas relativas a la revolución de España del año 1808 por Raymundo Strauch y Vidal (tomo I)", Memorias para servir a la historia del Jacobinismo, vol. 1, Perpiñán, Imprenta de J. Alzine, 1827.

Hace ya cierto tiempo que leí la obra magna del abate Augustin Barruel, Memorias para servir a la historia del jacobinismo (¿largo, verdad que sí? Pues el título completo lo es más: el que aparece al comienzo del artículo), la madre de todas las conspiranoias, como dice en broma el blogger Embajador en el Infierno, y parece ser que se ha vuelto a publicar.

El abate Barruel fue uno de tantos jesuitas víctimas de la expulsión y disolución de la Compañía de Jesús, y presenta en esta obra una avalancha de datos relacionados con las maquinaciones de los philosophes del conocido como siglo de las Luces, muy esclarecedora de sus métodos y objetivos, en particular de los que, según el abate, forman el núcleo de la conjura: Voltaire, el patriarca, d’Alembert, el agente más astuto, Federico II de Prusia, el protector y, a veces, consejero, y Diderot, el hijo perdido. ¿Cuál es el objetivo último de la conjura, según Barruel? Siempre ha estado claro que fue el lema que conoce mucha gente: Ecrasez l’infame («destrozad al infame»); lo que demuestra, en cambio, es que, a diferencia de la creencia del común de la gente que piensa —o le han dicho que pensase— que se refiere al rey y, por extensión, al antiguo régimen, en realidad apunta al núcleo de lo que fue la civilización occidental hasta el momento: Jesucristo y su religión.

Aunque este voluminoso libro no es el único que trata sobre el tema, sí tuvo el mérito de ser el primero en ser publicado y difundido; el traductor de la edición española, el obispo de Vic fray Raymundo Strauch y Vidal, murió asesinado, lo que indica que molestó bastante este libro a ciertos sectores partidarios de la libertad de expresión (la suya, claro, que es la buena), y aunque ha habido obras posteriores que han ampliado o matizado algunas de las conclusiones de este libro, el valor de sus páginas reside en la minuciosidad en la recopilación y la exposición de las maquinaciones que condujeron a la Revolución Francesa. Lo que llama más la atención es que todos los procesos revolucionarios posteriores del s. XIX y XX no son más que la sistematización y el perfeccionamiento de estos principios, lo que convierte a este libro en, digamos, el abc de la subversión y la impiedad. Vale la pena leer sobre todo el primer tomo por lo esclarecedor e iluminador de los procedimiento propagandísticos anticristianos y totalitarios que se dieron en el s. XX y se dan actualmente en muchos gobiernos, instituciones y medios de comunicación, porque, la verdad, después de la labor de zapa de los Enciclopedistas, nada nuevo hay bajo el Sol, sólo son variaciones del mismo tema. Es por eso que voy a ir transcribiendo, al golpito y respetando la ortografía original, este primer tomo dedicado a la conjura contra el altar; los otros también valen la pena leerlos (corresponden a lo que Barruel denomina conspiración contra el trono y conspiración contra la sociedad), pero el primero es fundamental para entender y explicar el resto.